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La
auto-observación es un poderoso método no solo para realizar
un estudio de nosotros mismos, sino como trabajo hacia la transformación
de sí. Es la mejor aproximación para comenzar una relación
completamente nueva con nosotros mismos. La observación de sí,
tal como la describe Gurdjieff, es un camino íntimo hacia nuestra
propia mente, cuerpo y espíritu, que nos permite experimentar
nuevos niveles de consciencia, armonizando así nuestras vidas.
Gurdjieff dice que debido a nuestros condicionamientos
y a la educación, la mayoría de nosotros vive una vida
mecánica y ordinaria. Inconscientes de nuestro potencial real,
nuestra esencia, nos pasamos la vida identificados con la personalidad,
con la imagen creada de nosotros mismos y con cualquier pensamiento,
sensación, sueño o emoción que captura nuestra
atención en un determinado momento. Vivimos la ilusión
de ser los maestros de nuestras vidas debido a que ponemos la sensación
de YO rápida y mecánicamente en cada impulso que aparece,
especialmente en aquellos que apoyan la imagen que tenemos de nosotros
mismos. De esta forma no somos conscientes de nuestra fragmentación
interna, de nuestra carencia de voluntad y elección como resultado
de dicha fragmentación.
Nos perdemos a nosotros mismos a cada momento de nuestra
vida, lejos de estar en contacto con la Totalidad que nos pertenece.
La visión de Gurdjieff sobre la auto-observación provee
un punto de partida excelente para todo aquel que busca un entendimiento
más profundo de sí mismo.
El esfuerzo fundamental del Trabajo es el observarse
a sí mismo tal como se es, intentando ser testigos, estar presentes
de cualquier cosa que suceda en el momento. Se debe intentar descubrir
en nosotros mismos una atención que pueda dilucidar si lo que
estamos experimentando en el momento es un pensamiento, una sensación,
un sentimiento, o la combinación de estas u otras funciones.
Debemos intentar observar nuestra identificación con los hábitos,
incluyendo los sueños, la imaginación, la charla interna,
etc., y verificar nuestra carencia de unidad interna. En el intento
de auto-observación, que a menudo requiere ir en contra de los
hábitos para verlos más claramente, es importante recordar
no juzgar o analizar lo que vemos.
De acuerdo a Gurdjieff, el juicio o el análisis
nos empujará dentro de un círculo vicioso de identificación
con el contenido de nuestra consciencia, especialmente con nuestras
propias reacciones a lo que observamos, consumiendo así la atención
disponible para continuar con el trabajo de la observación. Si
a pesar de nuestras mejores intenciones, aparece dicho juicio o análisis,
éste debe ser incluido en el trabajo de auto-observación.
El Trabajo invita a ser un científico cuyo objeto de observación
somos nosotros mismos.
La observación de sí debe abarcar, no
solo el proceso mental o psicológico, sino los procesos y energías
del cuerpo físico. Según Gurdjieff, el YO SOY, nuestra
presencia real, solo puede despertar al enraizar nuestra consciencia
en la sensación viva del cuerpo. La observación de sí
depende finalmente de la apertura a una energía superior, a una
consciencia más alta y ello comienza con el mantenimiento voluntario
de la atención disponible en nosotros sobre nuestro propio estado
somático en el momento. Gurdjieff deja claro que solo cuando
nuestra atención ordinaria está activamente ocupada en
experimentar el momento presente que la consciencia a esta energía
superior puede aparecer, una energía que nos relaciona simultáneamente
con nuestro mundo interno y externo.
Por lo tanto, el punto inicial de la auto-observación
debe ser el conjunto de la sensación corporal. Y es a través
de esta sensación, que podemos discernir los diferentes movimientos
y energías de nuestras propias funciones internas. Sin la estabilidad
de esta sensación, los esfuerzos en el trabajo de la observación
de sí se tornarán rápidamente en identificación
con cualquier cosa que nos atraviese.
Auto-observación
y niveles de sensación:
La sensación puede ser experimentada en diferentes niveles, dependiendo
del grado de atención y relajación de cada uno. Estos
niveles son:
-
La sensación automática y superficial de los dolores.
-
La sensación más sutil de la temperatura, el movimiento
y el tacto.
-
La sensación de hormigueo de la totalidad de la piel.
-
La sensación compacta del peso y la forma del cuerpo.
-
La sensación vívida de la estructura interna de la fascia,
músculos, órganos, huesos, etc., incluyendo las tensiones.
-
La sensación vibrante e integradora de los campos energéticos
del cuerpo y los circuitos que conectan todas las funciones del ser.
-
La sensación profunda y acompasada de espacio y silencio que
se encuentra en el corazón de nuestro ser somático. Esta
es una etapa crucial en el trabajo de auto-observación porque
sólo experimentando la sensación como ambos, espacio y
silencio, que podemos abarcar la totalidad de nosotros mismos. Es en
este "abarcar" que comienza la transformación de uno
mismo.
Sin
embargo, para algunas personas que realizan este trabajo de observación
de sí, la observación de su cuerpo rara vez va más
allá de la proyección mental de la sensación. Para
otras, ello envuelve solo la sensación de la piel o de las tensiones
más superficiales. Todo esto es comprensible porque ir más
profundo dentro de nuestro organismo significa abrirnos a nuestra vida interna,
a las fuerzas reales que nos mueven. Estas fuerzas incluyen, no solo nuestras
aspiraciones, esperanzas o potenciales más profundos, sino también
el miedo, la pena, la ansiedad, el dolor y el trauma que resuena en la compleja
interrelación de nervios, huesos, músculos y vísceras
que llamamos nuestro cuerpo.
A
pesar de que el método de observación de sí es una
poderosa herramienta de
auto-estudio, el aprendizaje de abrirnos a nosotros mismos conlleva algo
más que la aplicación de técnicas o ejercicios. Se
precisa conocimiento, sinceridad y sensibilidad. Tenemos poca consciencia
directa de las operaciones de nuestro cerebro y sistema nervioso, exceptuando
su reflejo en los tejidos, estructuras y movimientos de nuestro cuerpo.
Generalmente, la práctica de la atención difícilmente
alcanza más allá de las capas más superficiales de
tejidos, órganos y músculos condicionados por años
de inconsciencia, negatividad y mal uso. El cuerpo, en especial las vísceras,
se ha convertido gradualmente en almacén acorazado de experiencias
no digeridas e impresiones difíciles de confrontar. En un acto
de supervivencia, nuestro sistema nervioso cierra las puertas a estas
experiencias a través de una especie de amnesia orgánica.
Pero mantenerlas cerradas consume una enorme cantidad de energía
y desarmoniza niveles profundos de nuestro ser.
Auto-sensar
y escucha:
En la práctica de la auto-observación es importante
saber dónde parece pararse la atención, dónde no
puede ir más allá. Estos es posible a través del
llamado "auto-sensar", una clase de ver y escuchar internamente
en la cuál, uno comienza con la sensación y receptividad
en los ojos y oídos, incluyendo las impresiones que éstos
reciben, y permitiendo esta sensación y receptividad expandirse
gradualmente a través de todo el cuerpo. Esta expansión
debe incluir nuestros músculos voluntarias y el esqueleto, así
como el corazón, los pulmones, el diafragma, los órganos
digestivos, los genitales y demás. Es en estos lugares donde se
mantienen los patrones más profundos de nuestras energías,
la fuente real de nuestra conducta. Aquí se reflejan también
las manifestaciones físicas (especialmente las tensiones innecesarias
y contracciones que, como Gurdjieff dice, consumen la energía necesaria
para el Trabajo) de nuestras propias barreras a la totalidad.
A
través de sentir estas manifestaciones, abriéndolas tal
como estuvieren, al alcance de nuestra atención, podremos comenzar
a ver y transformar esas experiencias e impresiones, tanto del pasado
como del presente, que se hallan encerradas lejos del alcance de nuestra
consciencia.
Realizando
este trabajo de auto-sensar, es importante aproximarnos a nosotros mismos
con suavidad y compasión. Nos ha llevado muchos años el
ser lo que somos hoy y es casi imposible ver o romper nuestras barreras
(buffers) a la totalidad por la fuerza o la imposición. También,
según Gurdjieff, liberarnos de todas estas barreras o buffers de
repente podría ser una experiencia intolerable que nos llevaría
a vivir en un caos, debido a que veríamos de repente cómo
somos en realidad. Lo que se necesita es una apertura sin forzar lo que
estamos viendo en el momento, un profundo movimiento interno de bienvenida
hacia cualquier cosa que aparezca.
Puede
parecer imposible ir más allá en nuestra consciencia de
una barrera. Debemos de retirarnos un poco y permitir que la sensación
de esta barrera sea más profunda. Cuando traemos la atención
a la sensación previa de facilidad, el sistema nervioso puede relajar
un poco de su control y alguna de las tensiones puede comenzar a disolverse
por sí misma. Podemos también permitir que la atención
se mueva hacia partes de nosotros mismos que estén más libres
y relajadas. Entonces, simplemente permitimos que esta sensación
de facilidad y confort se expanda a las partes del cuerpo que están
más tensas. En cuanto algunas de las tensiones más superficiales
comiencen a disolverse, es posible observar niveles orgánicos de
tensión más profundos y sentir las emociones y las experiencias
asociadas con ellas.
Así,
se puede comprender que la llave del auto-conocimiento y de la auto-transformación
se encuentra en nuestros sentimientos y emociones. Gurdjieff deja claro
que nuestros sentimientos y emociones son los caballos que conducen el
carruaje de nuestro cuerpo. Ellos dan forma y reflejan nuestras relaciones
y actitudes hacia nosotros mismos y hacia el mundo. A medida que continuemos
con este trabajo de auto-sensar, podremos ver que ciertos tipos de sentimientos
nos abren, permitiendo que nuestra consciencia se mueva libre en el organismo,
mientras que otros nos cierran, dejando a la consciencia y a las impresiones
fuera. Podemos también comprender que la observación y el
estudio real de las emociones no son un proceso mental o psicológico,
sino físico.
Que
el método de auto-observación sea un camino íntimo
sólo es posible si estamos realmente dispuestos a exponernos a
nosotros mismos. Lo que se necesita, dice Gurdjieff, es sinceridad interna.
Pero esta disposición a exponerse, a hacernos presentes a nosotros
mismos, necesita del apoyo de condiciones especiales y de personas que
puedan ayudarnos a retornar a nuestro hogar verdadero sobre esta tierra,
nuestro cuerpo. Es necesario abrir las puertas de cada habitación,
entrar en ellas e iluminarlas. Esto no es fácil, pero es posible.
Debemos recordar que solo a través de la sensación viva,
"respiratoria" de la totalidad de nosotros mismos es que podemos
vivir de forma más consciente y armónica. Esta sensación,
libre de ser restringida por actitudes emocionales inconscientes que actúan
sobre nuestros músculos y órganos, es en sí misma
la sensación de vida, además del espacio y el silencio que
se encuentran en su corazón.
(This
is a revised version of an article that originally appeared in Gnosis)
Copyright
1997 by Dennis Lewis and reprinted in full with his permission. Too learn
more about or contact Dennis Lewis, visit: http://www.dennislewis.org
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