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   2- CENTRO Y FUNCIÓN EMOCIONAL

EL CUERPO Y LAS DIFERENTES MENTES QUE ACTUAN SOBRE EL

Emociones negativas
(Parte 2ª)

"No hay nada más mecánico en nuestra vida que las emociones negativas."

-P.D. Ouspensky-

   Las emociones negativas son un ejemplo del trabajo erróneo del centro emocional. Son innecesarias y liberarnos de su influencia es una parte esencial del despertar. Las emociones negativas son el miedo, la rabia, la envidia, la codicia, la ira y cosas agradables como el entusiasmo, las pasiones, las pequeñas alegrías dependientes del exterior y ciertas formas de amor. Están basadas en la consideración interna, en la identificación y en la imaginación; nos mantiene dormidos. Las de tipo agradable se caracterizan por una tendencia a convertirse en la opuesta, por ejemplo cuando acabamos odiando a alguien seguramente era una persona que antes nos gustaba. Las emociones reales o positivas no se tornan en su opuesta. Las emociones negativas tienen un poder tremendo a pesar de ser completamente inútiles para nosotros. Podemos envenenar nuestra vida rápidamente con ellas, destruyendo amigos de toda la vida con unas cuantas palabras o haciendo elecciones desastrosas porque tenemos que probar algo.

   Cuando expresamos emociones negativas estamos utilizando gran cantidad de energía. Podemos agotarnos totalmente con una sola de ellas. Podemos utilizar mucha más energía e incluso dañarnos si vamos muy lejos con ella. Con este gasto de energía agotamos la posibilidad de incluso utilizarla para algo más grande. Parte del trabajo con las emociones negativas tiene que ver con la no expresión, parar este gasto de energía. A la vez que ahorramos energía, esta práctica nos ayuda en la auto-observación porque necesitamos resistirnos a los hábitos. Al no expresar una emoción negativa se puede crear un espacio dónde observar dónde está enraizada, qué parte de la identificación con nosotros mismos está tocando, dónde estamos siendo ofendidos.

   El segundo trabajo sería la transformación de estas emociones. Este es un trabajo avanzado. Brevemente, podemos ver que el problema con la no expresión de las emociones negativas es que seguimos teniéndolas, simplemente no las estamos expresando. Si nos auto-recordamos en el momento en que una impresión entra y que normalmente causaría una emoción negativa, es posible usar la energía resultante para nosotros mismos en vez de verla desaparecer. En el trabajo, es necesario una larga práctica de no expresión de las emociones negativas y de auto-recuerdo antes de que esto sea posible.

   Las emociones negativas a menudo se originan en el centro instintivo. Si estamos cansados, hambrientos o con dolor, estas sensaciones internas a menudo se convierten en emociones negativas. Pueden cambiar nuestra manera de estar drásticamente y podemos estar más irritados de lo normal. Para trabajar con esto necesitamos estar más conscientes. Necesitamos recordar nuestra fatiga, nuestros dolores y nuestro apetito de manera que podamos digerir las impresiones correctamente. Una forma de hacer esto es enlentecer nuestros movimientos, estar más pequeños y más quietos. Esto da a nuestro organismo más tiempo para actuar, aliviando la sensación desagradable de la presión cotidiana que la vida nos crea cuando estamos peor o enfermos.

   La negatividad hacia los demás a menudo es causada cuando vemos en la otra persona exactamente lo que no nos gusta de nosotros. Esta negatividad está normalmente acompañada por pensamientos como "yo no soy en absoluto como ese" y "cómo ha podido hacer, decir, pensar semejante cosa". Tal negatividad pondrá una etiqueta a la víctima que nos hará creer que nosotros somos diferentes. Estas actitudes nos impiden ver lo que nosotros, como seres humanos, somos; nos impiden aprender y entender la completa variedad de la expresión humana, algo que debemos hacer si queremos llevar a cabo un trabajo de transformación.

   Podemos decir que nuestras reacciones con los demás son subjetivas, porque normalmente nos molestan ciertas cosas y somos capaces de estar en calma con otras. Necesitamos recordar que las emociones negativas están en todos. Es decir, toda la gente las expresa y las acepta como algo normal. La violencia de nuestra sociedad civilizada es un testimonio de esto. Después de miles de años de historia y de todos los logros que el ser humano ha alcanzado, somos incapaces de evitar la ira cuando la comida no está correctamente preparada o pisamos algo desagradable al caminar. De esta forma, no debemos sorprendernos cuando las demás personas son negativas y no debemos condenar a nadie por ello. Todos somos negativos, todos estamos encerrados en un estrecho círculo de automatismo. Comenzar a liberarnos de esta atadura nos lleva un gran y continuado esfuerzo.

   Un obstáculo que aparece normalmente es que trabajar con las emociones negativas a menudo envuelve el actuar de forma diferente a la convencional. A veces la gente parece que se porta mal con nosotros y es muy fácil, casi un hábito sentirnos negativos hacia ellos. Si expresamos nuestra rabia y nuestra frustración, la gente nos asegura que ellos hubieran hecho lo mismo. En momentos como este, es especialmente importante recordar porqué estamos intentando no expresar este tipo de emociones. No es cuestión de represión porque "es malo". Lo hacemos porque necesitamos estudiarnos a nosotros mismos en un momento de identificación y ahorrar energía. Lo hacemos porque queremos salir de la mecanicidad y despertar.

   Debemos observar la realidad de que disfrutamos con nuestras emociones negativas. Sentirnos en la cresta de la ola nos hace sentir dramáticos y excitados. Nos sentimos energetizados, apasionados y más vitales; nos producen identidad. La verdad es que si nos dicen que no seamos negativos la respuesta es "no quiero parar de ser negativo". No ser negativo es parte del precio que pagamos en el despertar, debemos abandonar ciertas cosas si deseamos hacer espacio para algo nuevo en nuestras vidas. Difícilmente podemos estar conectados y receptivos a fuerzas superiores si estamos ocupados lanzando improperios a alguien. Recordar también que el estar negativos no sólo implica tener pasiones excitantes sino que también tiene que ver con la depresión, la soledad, el aburrimiento, la insatisfacción, la falta de dignidad, el victimismo y la envidia. No deberíamos de engañarnos diciendo que si no queremos parar de ser negativos es porque podríamos hacerlo. No dominamos la situación y no tenemos poder de elección. La identificación con una emoción negativa es el resultado de estar en las partes pequeñas de nosotros mismos. Hasta que no reconozcamos esto no hay esperanza de cambio.

   Trabajar con las emociones negativas se vuelve más fácil cuando nos damos cuenta que su repertorio es bastante limitado. Aunque nuestras circunstancias cambien a lo largo de la vida y nos encontremos en situaciones diferentes, la base de nuestros resentimientos no cambia, es decir, seguramente la respuesta será la misma incluso que cuando éramos pequeños. Reconocer estas emociones puede liberarnos enormemente porque comenzamos a ver cómo manipulan nuestras decisiones en la vida. Tenemos la oportunidad de vivir más inteligentemente y no dejar que el miedo y la rabia hablen por nosotros.

   La no expresión de las emociones negativas no significa dejar que otras personas te exploten. Si alguien es violento contigo o quiere dominarte, debes defenderte o estarás acumulando más de lo mismo para el futuro. Es mejor tratar las cosas cuando son pequeñas que cuando se convierten en una guerra. Es posible ser firme y directo sin estar identificado, sin ser negativo. Esto es posible cuando respondes y no cuando reaccionas. Cada situación requiere cierta cantidad de poder. A veces tú tienes el control y a veces es la otra persona la que lo tiene. No deberíamos de volvernos negativos al descubrir a la gente usando su poder, sino que deberíamos de disfrutar de las reglas del juego y jugarlo inteligentemente de acuerdo con nuestro anhelo en una situación concreta.

   Algunas veces en nuestra vida, parece que ciertas personas se convierten en grandes obstáculos para nosotros. Sus sombras nos persiguen en nuestra existencia. Cada palabra que dicen adquiere inmenso significado. Vivimos con miedo de ellos y alimentamos absurdas fantasías sobre lo que dirán o harán la próxima vez. En estas situaciones, podemos comprender que estamos en un juego y que debemos ver cada momento de nuestras vidas como una oportunidad de jugarlo correctamente. Es importante recordar la no expresión de estas emociones pero también considerar que, si hay una situación que realmente nos hace difícil el trabajo y nuestra vida, existe la opción de aceptar que fallamos y retirarnos. Aceptar que no podemos con ello. Quizá debemos aprender más antes de tratar con ciertas situaciones y poder tener éxito.

   Es importante entender la diferencia entre hablar sobre emociones negativas y expresarlas. A veces es útil describir nuestra negatividad a alguien de forma que nos ayude a ver las actitudes detrás de ésta. Lo que no es útil es cuando la discusión se vuelve una repetición de toda la identificación con las emociones desagradables que antes hemos experimentado, porque sino estaríamos simplemente volviendo a expresarlas, malgastando más energía.

   Esta situación de repetición es muy común. Todos somos testigos de gente describiendo sus dramas y la intensidad y la pasión con que lo hace. El describir desapasionadamente un incidente del pasado en el cual fuimos negativos requiere esfuerzo porque la negatividad es mecánica y para evitarla debemos dejar de ser mecánicos con respecto a la circunstancia que la ha originado. A menudo, ésto envuelve el cambio de nuestra relación con lo ocurrido. Envuelve el ver las cosas de una forma nueva, como por ejemplo comprender que la persona hacia la que hemos sido negativos no ha hecho nada inesperado, nada que nosotros no hubiéramos hecho en su lugar. Es importante recordar que dicha persona está también dormida.

   Si estamos trabajando en el grupo, ciertamente encontraremos momentos para expresar emociones negativas hacia nuestros compañeros, o incluso el profesor, cuando las cosas empiezan a ser más duras o difíciles para nosotros. Observar esta negatividad nos puede ayudar a comprender que asistir a los encuentros no es lo mismo que estar más despierto. Cuando comprendemos que todos nuestros resentimientos y motivaciones aparecen en una situación grupal, justo como en la vida sino más, comenzamos a entender que el Trabajo no es en la sala del encuentro o con el profesor, sino dentro de uno mismo.

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