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Hablando
del estado interior del hombre mecánico, Gurdjieff hizo muchas analogías.
En alguna ocasión comparó el estado interior de un hombre con un Carruaje
(centro físico), el Caballo (centro emocional) y el Cochero (centro intelectual),
y subrayó la importancia de pensar en el significado de esas tres cosas
distintas en el Hombre. Lo importante en esta analogía es que esas tres
cosas distintas no están en relaciones correctas unas con otras. El Cochero
no está en la caja; el Caballo no está alimentado en debida forma, sus
arneses no están bien enganchados al Carruaje; y el Carruaje mismo está
en malas condiciones. "¿Cuál, preguntó una vez G. es la razón de todo
esto? La razón es que el Cochero está sentado en una taberna gastando
su dinero en bebidas y no da alimento a su Caballo ni presta el debido
cuidado al Carruaje. Con el fin de cambiar este orden de cosas, dijo Gurdjieff,
es necesario que el Cochero reciba un choque que lo despierte."
Ahora
bien, la interpretación de esta analogía o parábola puede ser encarada
desde diferentes lados. Tomaremos el ángulo desde el punto que el Cochero,
después de haberse dado cuenta de su estado, tendrá que trepar eventualmente
a la caja del Carruaje, esto es, debe elevarse en su nivel para llegar
a un lugar de control. Pero es preciso comprender primero que es posible
encarar el despertar del Cochero en muchas etapas. Hay que sacudirlo para
que despierte de su borrachera, y luego debe levantarse y salir de la
esfera de la taberna, y después observar el Caballo, y luego el Carruaje,
y así sucesivamente. Después de ocuparse del Caballo y el Carruaje debe
trepar a la caja y finalmente asir las riendas y conducir el Carruaje
de la mejor manera que pueda.
La
parábola prosigue diciendo que si realiza todas estas cosas un cuarto
factor quizás aparezca en escena, es decir, el Amo tal vez se halle sentado
en el Carruaje y dando órdenes al Cochero indicándole a dónde debe ir.
Pero, se agrega, el Amo nunca podrá sentarse en el Carruaje a menos que
el Cochero esté en la caja y se haya apoderado de las riendas y haya hecho
lo posible tanto para el Caballo como para el Carruaje. Esta parábola
trata en realidad de todo el objeto del Trabajo. El objeto que se propone
el Trabajo es el de alcanzar el "Yo" Real en uno mismo, a través de la
larga senda interior que pasa por uno mismo, a través del Recuerdo de
Sí y el trabajo sobre sí. El "Yo" real es el verdadero Amo en la parábola.
Nos enseñan que tal como somos no tenemos "Yo" real ni tenemos estabilidad
interior y nunca conocemos lo que en realidad debemos hacer.
En
nuestro estado presente, primero un "Yo" se hace cargo de nosotros y luego
otro "Yo". Nuestro estado es comparable al que está representado en la
parábola de la Torre de Babel. Según esa parábola, aparentemente hemos
gozado en otro tiempo de unidad interior pero algo falló y la multiplicidad
apareció, a saber, en lugar de ser uno llegamos a ser muchos. En general,
nuestro Ser es definido en el Trabajo por la multiplicidad para distinguirlo
del Ser de un Hombre Consciente. Somos una multitud de diferentes "Yoes"
que tiran de diferentes direcciones, todos con su propia voluntad de sí,
y lo que llamamos grandiosamente nuestra voluntad no es sino la resultante
de todas esas diferentes voluntades. Así nuestra tarea es la de lograr
la unidad, y ni un solo "Yo" que conocemos o podemos observar al presente
tiene la suficiente fuerza para darnos esta unidad y ordenar y subordinar
todos los demás "Yoes" en un todo. Sin embargo, podemos formar sustitutos
para el "Yo" Real que, empezando con el "Yo" Observante, son llamados
en una secuencia ascendente de importancia y poder. El alcanzar el "Yo"
Real es el logro principal de todas las metas.
Vemos
en la parábola del Caballo, el Carruaje y el Cochero que no hay probabilidad
alguna de alcanzar el nivel donde existe el Amo o "Yo" Real o de oír su
voz y recibir las instrucciones referentes a lo que debemos hacer con
nuestra vida a no ser que despierte primero de su sueño, del sopor en
el que todos estamos sumergidos, que está representado por el Cochero
sentado en la taberna sumido en el sueño de su borrachera. La primera
tarea es pues, la de despertar al Cochero porque a menos que esto tenga
lugar nadie se ocupará del caballo, ni tampoco del Carruaje. Se puede
decir que el Carruaje representa el cuerpo y la gente piensa que basta
empezar con el cuerpo pero no es así, en efecto, puede sumir al Cochero
en un sueño más profundo.
¿Cuál
es el método empleado por el Trabajo para despertar al Cochero y la naturaleza
del choque que se debe dar? si el Cochero se da
cuenta que está dormido suele ser suficiente para que despierte. ¿Con
qué se ha emborrachado? Una de las cosas es la imaginación. Estamos ebrios
de imaginación. Como es sabido, el Trabajo se refiere al "Yo" Imaginario.
El Hombre cree poseer un "Yo" Real tal como es, del mismo modo que imagina
ser plenamente consciente. Cree ser un individuo verdadero, que no experimenta
cambio alguno, que es permanente, dotado de plena voluntad y plena conciencia.
No tiene "Yo" Real sino que es su imaginación la que crea el "Yo" Imaginario
en él. Se oculta a sí mismo su extremada debilidad interior por medio
de la imaginación.
Ahora
bien, si un hombre se da cuenta que no tiene "Yo" Real, ni Voluntad Real,
que todo cuanto ha sentido y pensado a este respecto sobre sí mismo es
simplemente llamado "Yo" Imaginario, entonces puede despertar de su ebriedad
en la taberna donde gasta su dinero en imaginaciones. Este es un aspecto
de la posición del Hombre desde el punto de vista esotérico. Tengamos
presente que el problema del esoterismo es siempre el mismo, a saber,
cómo despertar al Hombre de su estado de sueño y hacer que se dé cuenta
que está dormido. La enseñanza esotérica no sólo considera al Hombre como
un ser aún no consciente, sino como un ser que se ha embriagado con su
imaginación y derrocha su fuerza en la falsedad y la violencia.
Se
ve entonces la necesidad de iniciar esta enseñanza con la observación
de nuestro sueño. Todas las formas de enseñanza son completamente inútiles
a menos que el Cochero despierte. Es fácil ver la razón de este orden
de cosas. La enseñanza impartida a un hombre que está bebiendo en una
taberna sólo será recibida por su imaginación y aumentará su estado de
sueño. Si se le dice que es un ángel lo creerá y beberá más que nunca.
Por cierto esto aumentará su estado de sueño, su estado de imaginación.
En el Trabajo no nos dan nada que pueda alimentar lo que imaginamos acerca
de nosotros mismos, sino todo lo contrario. Gurdjieff nos dice que somos
máquinas que carecen de "Yo" Real, que no somos sino retratos de nosotros
mismos, que lo que llamamos "Yo" es sólo imaginación, que carecemos de
Voluntad Real, que somos una masa de contradicciones que nada advierte
debido a la enorme cantidad de topes y las diferentes formas de almohadillas
que tenemos, que aun no somos conscientes, etc.
No
es agradable el que nos digan que somos mecánicos, tan sólo máquinas,
y que nada hacemos conscientemente. Pero esta clase de enseñanza no tiende
a prolongar nuestro sueño en la taberna si la valoramos y la aplicamos
a nosotros mismos. Cuando nos damos cuenta, aun en pequeñísimo grado,
que somos mecánicos, y que esa máquina, sobre la que se cierne el "Yo"
Imaginario, lo hace todo, experimentamos un choque. Ese choque tal vez
no sea otra cosa al comienzo que un sentimiento de inquietud por no ser
lo que hasta ahora suponíamos ser. Con todo, aun ese sentimiento es el
comienzo del despertar y se acrecentará si lo nutrimos porque es la verdad.
Todo despertar tiene un sabor amargo, como retornar a la escuela. Ahora
bien, cuando un hombre despierta del sueño empieza hasta cierto punto
a recordarse a sí mismo, no a su "Yo" Imaginario, sino algo más profundo,
que eventualmente llevará al "Yo" Real, que es nuestra verdad. Empero
el poder de la imaginación es tan grande que las gentes no desean despertar
y experimentar siquiera momentáneamente el áspero sabor que acompaña a
los momentos de mayor conciencia. Tratan de ahogarlo, aun cuando su sufrimiento
y desdicha en las cuestiones de la vida ordinaria sean muy grandes.
Se
ven personas tan fastidiadas por una cosa u otra, de las cuales podrían
escapar si despertaran, que prefieren deliberadamente su fastidio antes
que enfrentarse con el despertar y levantarse y salir de la taberna y
ocupar el fugar que le corresponde en la caja de su propio carruaje. Tal
como somos, no tenemos nada que sacrificar, nada que merece ser sacrificado,
salvo nuestros estados negativos, nuestro sufrimiento negativo, nuestras
depresiones y jeremiadas. Sólo podemos sacrificar lo que amamos. Los retratos
que nos forjamos de nosotros mismos hacen que nos atribuyamos muchas cosas
que no existen, salvo en nuestra imaginación. No se puede sacrificar algo
que existe tan sólo en la imaginación. Pero amamos tanto nuestro sufrimiento,
nuestra tristeza y desengaños, nuestros estados negativos, que aquí tenemos
algo que sacrificar para que la orientación de nuestro amor pueda cambiar.
Todos
hemos visto alguna vez cómo las personas se emborrachan con su propio
sufrimiento y no pueden prestar atención al de otra persona y siempre
se demoran en su sufrimiento, ya sea franca o secretamente, compadeciéndose
a sí mismas. Este demorarse en el sufrimiento es una forma de ebriedad
imaginativa. Es una forma fascinante de ebriedad que impulsa al Cochero
a gastar mucho dinero. ¿Acaso no conocen su típica canción de desdicha
para tabernas?
Para
despertar, el Cochero debe empezar a pensar. Las ideas del Trabajo nos
llegan primero desde larga distancia. Oímos una voz que nos dice cosas
una y otra vez. No prestamos mucha atención a lo que nos dice. Estamos
soñando con otras cosas o esperando que nuestros pequeños acumuladores
se llenen otra vez, para correr de un lado para otro como lo hacíamos
antes. Al cabo de un tiempo algo cae en el oído del dormido Cochero. Oye
algo y se mueve y quizá levante la mirada un instante. "Sí", piensa, "es
muy cierto". Ha empezado a pensar. Si las cosas andan bien su oído mejora
y en lugar de pasarse el tiempo bebiendo, a veces piensa y otras sigue
bebiendo. Está aún en la taberna. Su Caballo todavía pasa hambre. Los
arneses están en pedazos y el Carruaje necesita ser reparado y pintado.
Pero aún no tiene conciencia de todo ello. Su pensamiento no es lo bastante
fuerte para llegar a ser emocional y ponerlo de pie y hacer que vaya hasta
la puerta y discierna su estado interior.
Para
conducir el Carruaje, el Cochero debe ascender a un nivel más alto que
el suelo. Pero antes que esto suceda debe decir: "Voy a conducir". Esta
es una decisión y es seguida por el tener que subir. Ahora bien, ocurre
aquí algo muy extraño, porque en realidad tiene que bajar. No puede conducir
desde el "Yo" Imaginario, desde la Falsa Personalidad, desde cualquier
cosa en él que cree poder hacer. Nunca será capaz de conducir desde el
orgullo o la vanidad, sino desde lo que a este respecto es más bajo en
él, desde lo que es más sencillo, genuino y sincero. Por eso para subir
es preciso que baje. Cuando dice: "Conduciré", si cree que puede hacerlo
él mismo y para sí mismo, romperá las riendas, destrozará las ruedas y
caerá. Esta decisión "Conduciré" debe ser dicha con una delicadeza de
comprensión que implica la existencia de que es necesaria otra cosa. Porque
¿a dónde ha de conducir? tendrán que decírselo y luego obedecerá, y así
no es el Cochero en el imperioso sentido del hombre que imagina que puede
hacer y meramente hace lo que le da la gana. Hacer en el sentido de Trabajo
significa en última instancia, obedecer al Amo que puede aparecer de súbito
en el Carruaje.
Para
que todo esto ocurra, otras etapas y otras experiencias son necesarias
internamente. Su atención será atraída por ciertos lados de sí mismo.
En esta comunión interna con uno mismo que proviene de la creciente necesidad
del Trabajo y el creciente conocimiento nuevo de uno mismo logrado con
la observación de sí, percibirá que ha de elevarse antes de poder conducir,
es decir, alcanzar otro nivel, de otro modo está destinado a un continuo
fracaso y probablemente renunciará al intento de hacer algo consigo mismo
en el camino que lleva a la transformación de sí. En otras palabras, tiene
que elevarse al nivel del Recuerdo de Sí porque nadie puede conducir su
Caballo y Carruaje a no ser que tenga algo de la intensidad de Conciencia
y Percepción de Sí que pertenecen al Tercer Estado de Conciencia al que
apunta el Trabajo.
¿Cuál
es la cosa más importante que debemos practicar? tornarnos más conscientes
y, de hecho, llegar al nivel de Recuerdo de Sí, de Percepción de Sí y
de Conciencia de Sí. Algunas personas, no comprendiendo el Trabajo, aunque
están en contacto con él, ven que la vida tal como es hoy es una tragedia,
una completa confusión. Y al llegar a ese punto se vuelven a veces negativas,
sin comprender que esto es exactamente lo que el Trabajo enseña sobre
la vida. Se quedan clavados, no viendo el Trabajo, sino tan sólo el caos
de la vida.
El
Trabajo enseña que un hombre debe ver todo lo que sucede en la vida y
darse cuenta que esto es así porque el Hombre no es propiamente consciente.
El Trabajo subraya constantemente que la vida es mecánica y que ello se
debe a que el Hombre al estar dormido, no es propiamente consciente. Sí,
pero el Trabajo agrega que la práctica de esta enseñanza hace que un individuo
sea más consciente cuando la ha comprendido y le da instrucciones conducentes
a llegar a ser más consciente y así alcanzar otro nivel de sí mismo. Cuando
un hombre se observa sinceramente a sí mismo durante un largo período
se sobrecoge y a través de ese sobrecogimiento llega a una mayor conciencia
de sí.
Sí
lo realiza con una continua renovación del significado de las ideas enseñadas
en el Trabajo llegará a ser aún más consciente por más que le sea doloroso,
y alcanzará un nivel en sí mismo desde el cual podrá dominar correctamente
los lugares negativos en él mismo, los pequeños "Yoes" en las partes mecánicas
de los centros que hasta ahora lo habían controlado. El objeto del Trabajo
es este elevarse en uno mismo desde la muerte mecánica, a la que se tomó
equivocadamente por la vida. Hablando en términos corrientes, vivimos
en un nivel bajo de nosotros mismos. Por ejemplo, vivimos demasiado en
los pequeños y desagradables "Yoes", en las pesadas partes mecánicas de
los centros, en sueños, y así contribuimos también al sueño general de
la humanidad, ayudamos a mantener al mundo dormido. Lo que se refiere
en la parábola del Cochero, dormido en la taberna en sueños e ilusiones
acerca de sí mismo, es exactamente este despertar del sueño de la humanidad
que nosotros compartimos. Para que un hombre despierte es preciso que
deje de tener ilusiones y una falsa imaginación, y aquí viene el agudo
trabajo realizado por la observación de sí que separa al hombre de sí
mismo y le posibilita abandonar la taberna.
Es
preciso comprender que esta no es una etapa exactamente delimitada, sino
un proceso gradual de prueba y exploración. Todo se hace ordenadamente
mediante la Ley de Siete. Es preciso defender el propio propósito infundiéndole
fuerza; es precisa una continua re-visita, re-estimulación de uno mismo.

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